domingo, 30 de agosto de 2015

ESTO ES AGUA

El escritor David Foster Wallace dio un discurso en la universidad de Kenyon dirigido a la generación de graduados de la carrera de Liberal Arts (Humanidades) en el 2005. El video de ese extraordinario discurso se hizo viral y ha sido reescrito, adaptado, editado y adecuado cientos de veces.
He aquí mi versión de lo que dijo Foster Wallace ese día. No es una idea original mía y no pretendo exponerlo como tal, pero de alguna u otra manera al traducirlo me tomé la libertad de plasmarlo “con mis palabras” (espero que a David, QEPD, no le moleste demasiado). Le quité por aquí, le agregué por allá para darle un sentido un poco diferente, un tanto más personal, pero manteniendo el espíritu original de las palabras del autor.
Disfrútalo.
Jorge Osuna

ESTO ES AGUA

Hay dos peces jóvenes nadando y se topan con un pez bastante mayor nadando en dirección contraria, los saluda diciendo, “Buen día chavos. ¿Qué tal está el agua?” Los dos peces siguen nadando por un momento y eventualmente uno mira al otro y le pregunta, “¿Qué diablos significa ‘agua’?”
Si esperas que a continuación me presente como el pez mayor y que llene estas líneas con sabiduría definiendo exactamente lo que significa el agua, lamento decepcionarte. No soy el pez viejo y sabio. Y en realidad ya sabes lo que es el agua aunque pretendas tercamente lo contrario, no necesitas que nadie te lo diga. El punto de la historia de los peces es simplemente hacer conciencia de cómo las realidades más obvias e importantes (el agua) son constantemente las más difíciles de ver, entender y acerca de las cuales hablar. Expuesto como un enunciado en nuestro idioma, por supuesto, esto solo es una plataforma trillada y banal, una idea acerca de la cual ya se ha escrito y se ha hablado muchísimo. Pero es un hecho que en el día a día de la existencia del adulto promedio, estas “plataformas trilladas y banales”, estas frasecitas sin aparente sentido alguno, pueden tener consecuencias de vida o muerte, o por lo menos eso es lo que pretendo sugerir. ¿Suena fatalista? Quizá. Pero toma en cuenta que no todo lo que está despierto está vivo… Exacto… aún más fatalista.
Pero no te preocupes, hoy en día existen infinidad de cursos, escritos, pláticas, libros, talleres, seminarios etc. enfocados en ayudarte a mejorar tu calidad de vida. Diseñados para que dejes de sobrevivir tu vida y la comiences a vivir. Que le dan sentido a estas frasecitas trilladas y las convierten en poderosas lecciones para apoyarte a que consigas las cosas que hasta el día de hoy se han mantenido frustrantemente fuera de tu alcance. En mi experiencia, los mejores son aquellos que te apoyan a aprender como pensar. Y de esto se tratan estas líneas. Acerca de esa idea de ‘aprender a pensar’. Esto automáticamente se convierte en un golpe en tu ego, ¿no? Estarás pensando: “¿Cómo me van a enseñar a MI a pensar? ¡Yo ya sé cómo!” Y como principal evidencia de que sabes pensar podrías presentar el hecho de que estás leyendo esto… ¡si no supieras como pensar sería imposible que leyeras esto! Y entonces te puedes sentir insultado con el hecho de que alguien o algo pretenda enseñarte a “pensar”. Pero cuando hablo de “enseñar a pensar” realmente no estoy hablando de la “capacidad” de pensar si no de la elección que todos, aparentemente, tenemos de elegir en QUE pensar. Eso resulta un poquitín más complicado, pero es lo que nos separa a los humanos de nuestros hermanos primates y considero que es algo a lo cual vale la pena dedicarle unos minutos, por lo menos para poder estar seguro de que soy humano y no simio. Si, aun así, esa total libertad de elegir en que pensar te parece demasiado obvia como para ‘desperdiciar’ unos momentos al seguir leyendo esto, entonces te pido que pienses otra vez en esos peces jóvenes… que pienses en lo que es el agua para ti y que suspendas por un momento tu escepticismo acerca del valor de pensar en aquello que parecería totalmente obvio.
Todas las reglas de la enseñanza demandan la utilización de anécdotas, parábolas, ejemplos y cuentos para el fácil entendimiento de lo que se pretende transmitir. Así que con el afán de apegarnos a dichas reglas y estatutos, he aquí otra divertida y pequeña historia didáctica:
Hay dos tipos sentados juntos en un bar en lo más remoto de Alaska. Uno de ellos es creyente, el otro es ateo. Están discutiendo acerca de (¿qué más?) la existencia de Dios con esa intensidad especial que solo viene después de como la 4ta o 5ta cerveza. El ateo dice: “Mira, no es que tenga razones especificas por las cuales no creer en Dios. De hecho ya he experimentado todo esto de la oración a Dios y todo este rollo. Justo el mes pasado me perdí caminando en medio de la nada durante una terrible tormenta, estaba sin rumbo y no podía ver nada por la nieve que caía y estaba a unos 20 bajo cero… y entonces lo intente… me arrodille en la nieve y grite, ‘Dios, si es que hay un Dios, estoy perdido en medio de esta tormenta y seguro moriré si no me ayudas.’” Y justo ahí el creyente con una cara de confusión le dice al ateo, “Pues ahí lo tienes, seguro debes creer ahora, después de todo aquí estas, vivo.” El ateo suspira algo irritado, “No amigo, lo que pasó fue que un par de esquimales por casualidad iban por ahí y me llevaron a un lugar seguro… eso es todo.”
Es fácil (especialmente si ya has sido expuesto a algo como la ontología del lenguaje o cualquier otra forma de pensamiento abierto, consciente o liberal) analizar esto y pensar que la misma experiencia puede significar dos cosas totalmente opuestas para dos personas dadas las diferencias en creencias y en la forma en la cual esas personas le dan significado a sus experiencias. Pensar que tiene que ver con el particular “observador” que está siendo cada uno en ese momento. Si eres como yo, aprecias la tolerancia, la aceptación y la diversidad de creencias, en ningún momento, si eres como yo, te atreverías a decir que una u otra de las interpretaciones es “verdadera” o “falsa” o “buena” o “mala”. Y eso está perfecto. Hoy vivimos en un mundo cada vez más diverso y, especialmente las nuevas generaciones, tendemos a aceptar y tolerar con mayor facilidad dicha diversidad. Pero rara vez tendemos a cuestionarnos de donde viene esta diversidad en creencias y formas de pensar. Y cuando digo “de donde viene” me refiero a de que parte de adentro de estas dos personas viene la forma en la cual piensan, las cosas en las que creen y el significado que le dan a sus experiencias. No nos lo preguntamos porque tendemos a creer que ya tenemos la respuesta y, nuevamente, parece algo obvio (como el agua). Actuamos como si las orientaciones más básicas de un ser humano hacia el mundo, el significado que le da a sus experiencias, son cosas que vienen con su particular “modelo”. Como si fuera su altura, color de ojos o talla de zapato. O pensamos que lo absorbemos de forma automática de nuestra cultura, como un lenguaje por ejemplo. Como si la construcción del significado particular que le damos a nuestras experiencias y las creencias que nacen a partir de esas experiencias fuera en absoluto automático y nunca una cuestión de elección personal e intencional. Esta es otra de las “verdades” con las cuales vivimos. Y así tenemos explicaciones “verdaderas”, muchas de ellas tranquilizantes, para entender porque las personas de nuestro alrededor son como son y actúan como actúan. Y vamos por la vida explicando todo: “Por supuesto que no ha avanzado en su vida, es un huevon.” “Claro que le puso el cuerno, él siempre ha sido infiel.” “Me queda claro porque el ateo pensó eso… es ateo.” Pero además, está el ‘pequeño’ tema de la arrogancia. Porque no solo tenemos respuestas para explicar cómo son o porque creen lo que creen los demás, tenemos explicaciones para nosotros mismos. Y de esa manera justificamos nuestros más terribles y vergonzosos fracasos de la misma forma arrogante y mamona con la cual justificamos nuestros más halagadores éxitos: con una irresponsabilidad desenfrenada. Así estamos SEGUROS de saber y entender porque nos pasa lo que nos pasa, porque hacemos lo que hacemos y porque tenemos lo que tenemos. Creemos entender exactamente lo que es al agua sin siquiera haberle dedicado un minuto a reflexionar acerca de lo que realmente es esto que nos rodea y parece ser evidente. De esa forma, no somos muy distintos al ateo, quien esta TAN seguro al descartar la posibilidad de que los esquimales aparecieron de alguna u otra manera gracias a su oración a Dios que no hay espacio para ninguna otra creencia. Claro, existen muchas personas religiosas igual o más arrogantes. Igual de seguros de que SUS interpretaciones de las cosas son las ‘correctas’. Y este segundo grupo incluso podría aparecer más repugnante que el primero, por lo menos para algunos de nosotros. Pero el ‘dogmatismo religioso’ y la arrogancia irresponsable y desenfrenada presentan el mismo problema que el ateo de la historia: una certeza ciega, una mente cerrada que lleva a un encarcelamiento tan total que el prisionero ni siquiera se da cuenta que está encerrado.
El punto aquí es poder definir lo que realmente significa “aprender a pensar”. Y es sencillo: aprender a pensar significa ser un poco menos arrogante. Significa tener por lo menos un poco de conciencia crítica acerca de mí mismo y de mis certezas. Significa estar un poquito más abierto a dejar de tener la razón con lo que doy por sentado. Porque, resulta, que un grandísimo porcentaje de aquellas cosas que considero certezas totales y absolutas, en realidad son total y absolutamente erróneas e ilusas. Y el problema es que si no le dedicas un tiempo a pensar en esta “agua” tarde o temprano te acabas dando cuenta lo iluso y equivocado que estabas siendo… y cuando esto ocurre más tarde que temprano, en ocasiones acaba siendo DEMASIADO tarde.
Aquí te va un ejemplo de unas de las cosas acerca de las cuales me siento absolutamente seguro, algo que percibo como una certeza total y absoluta y que me he dado cuenta lo equivocado e iluso que es: todo en mi experiencia inmediata parecería soportar mi creencia de que YO soy el centro del universo; la persona más real, mas lucida e importante sobre la faz de la tierra. Piensa eso nuevamente y detente un segundo a hacerlo. Va de nuevo: todo lo que yo experimento soporta mi creencia de que YO SOY el centro del universo. Raramente pensamos en este tipo de pensamiento natural y básico en el cual solo yo importo porque es demasiado inaceptable socialmente. Pero es así para todos nosotros. Está en nuestra programación de fábrica, así ‘venimos’ desde que nacemos. Es un mecanismo de la naturaleza humana que nos ayuda a sobrevivir y que ha permitido que trascendamos. Muchas veces simplemente le llamamos ego, pero en realidad pensar así esta inamoviblemente anclado a las partes más profundas de nuestra personalidad. ¿Qué loco no? En nuestro instinto más intrínseco se encuentra la capacidad de ser absoluta y totalmente egoístas y ensimismados. Piénsalo: no existe ninguna experiencia en tu vida en cual no hayas sido el centro absoluto. Experimentas el mundo que está enfrente de TI o detrás de TI, o a la izquierda o a la derecha de TI, en TU televisión en TU monitor, a través de TU celular, visto con TUS ojos, escuchado con TUS oídos. Para conocer los pensamientos o los sentimientos de otras personas te los tendrían que comunicar de alguna forma… pero los tuyos son TAN inmediatos, TAN urgentes y TAN reales.
No te preocupes, este no es el momento en el cual esto se convierte en una especie de discurso moral acerca de la compasión o alguna otra directriz o cualquier otra virtud o valor. Esto no es cuestión de virtud. Esto es acerca de elegir trabajar en encontrar la manera de alterar o liberarme de la programación natural que me lleva a ser profunda y literalmente centrado en “mí mismo” y de ver todo e interpretarlo a través del filtro de “mi mismo”. De hecho esto es solo un ejemplo de esta ‘agua’ que nos rodea. Porque estamos literalmente sumergidos en certezas y verdades tan ridículas como esta pero que para nosotros, al no dedicarle un poco de nuestro pensamiento consciente, pasan totalmente desapercibidas y sin embargo, por más que no las veamos, dictan nuestras posibilidades.
Una pregunta importante (y quizá hasta obvia dado que esto está por escrito) ahora sería: ¿cuánto de este trabajo de “aprender a pensar” y de cambiar nuestra “programación de fábrica” se puede alcanzar de forma intelectual o a través de la adquisición de conocimiento? Esta pregunta es algo engañosa. Lo más peligroso de la adquisición de información y conocimiento (y sobre todo en mi caso) es que tiendo a sobre-intelectualizar cosas, a perderme en el argumento abstracto de mi cabeza, en lugar de ponerle atención a lo que está sucediendo justo en frente de mí, de ponerle atención a lo que está sucediendo dentro de mí. Así que, ¿cuánto de esto ocurre en mi “mente”? Pues en verdad todo. Pero al mismo tiempo no es algo sobre lo cual pudiera solo trabajar de forma intelectual a través de la lectura o de clases o seminarios de tipo tradicional. Esto es algo que solamente puedo aprender a través de la vivencia constante y disciplinada.
Pero, ¿porque digo que en realidad todo esto ocurre en tu mente? Pues obsérvate. Estoy seguro que muchos de ustedes saben lo difícil que es mantenerte alerta y atento en vez de hipnotizarte por el monologo constante de tu cabeza (de hecho, te pudiera estar sucediendo en este momento). Ahora voy entendiendo que todo este rollo de ‘aprender a pensar’ conlleva algo mucho más profundo y serio; aprender a pensar realmente significa ejercitar algo de control sobre cómo y en que pienso. Significa estar lo suficientemente consciente como para elegir a que ponerle atención y a como darle significado a mis experiencias. Porque si no desarrollas y ejerces esta capacidad de elección en tu vida adulta la vas a pasar bastante mal. Todo esto ocurre EN la mente, pero no es exclusivo DE la mente. Piensa en el viejo cliché: ‘la mente es un excelente sirviente, pero un terrible amo.’ Como muchos otros clichés este también parecería aburrido y como muchos otros que has visto cien mil veces en cientos de posts en el Facebook. Pero en realidad, si lo analizas un poco expresa una enorme y terrible realidad. No es para nada accidental que la mayoría de los suicidios con armas de fuego son llevados a cabo con un tiro a la cabeza. Le disparan a ese ‘terrible amo’. Terminan con la existencia del maestro que ha dictado lo que es posible para ellos, acaban con el dueño y director de la prisión en la cual han vivido toda su vida. En verdad la mayoría de los suicidios están muertos mucho antes de jalar el gatillo. Su mente, su ego, su terrible costumbre de navegar por su existencia flotando, tan solo sobreviviendo, los ha condenado a haber dejado de vivir durante mucho tiempo.
Así que este aprendizaje no va a ocurrir solo porque leíste esto. Conlleva muchísimo trabajo y entrenamiento. Pero, como siempre el primer y más importante paso es tomar consciencia, en este caso tomar consciencia del ‘agua’.
Y, entonces, de esto se trata. Sin rollos y pedos de más. Se trata de encontrar la manera de evitar navegar por esa vida prospera, respetable y cómoda muerto e inconsciente, un esclavo de tu mente y de tu programación de fábrica que te lleva a estar única e imperialmente solitario en tu día a día, un sobreviviente más en un mundo frio y sin color. Puede sonar exagerado o demasiado abstracto e idealista, puede sonar a rollo filosófico inútil. Así que vamos aterrizándolo. Vamos poniéndole nombre y apellido para que sepas exactamente de qué estoy hablando:
Has consciente lo que verdaderamente es tu ‘día a día’. Hay una gran parte de ese ‘día a día’ que nadie nunca menciona. Esa parte tiene que ver con el aburrimiento y la llana frustración de la rutina.
Para aterrizarlo más, vamos agarrando un ejemplo. Imaginemos que es un día cualquiera, un día promedio. Te levantas en la mañana, vas a tu retador y demandante trabajo, trabajas entre ocho y diez horas, al final del día estás cansado y algo estresado y lo único que quieres hacer es regresar a tu casa, cenar algo rico y quizá relajarte por un par de horas viendo tu serie favorita acurrucado con tu pareja y después acostarte a dormir porque por supuesto que al día siguiente te tienes que levantar a volverlo hacer todo otra vez… Pero en eso recuerdas que no hay comida en tu casa. No has tenido tiempo de ir al súper esta semana por tu trabajo retador y demandante así que ahora después del trabajo tienes que subirte a tu carro y manejar al supermercado. Es la hora pico y por supuesto que el transito está fatal. Entonces llegar al supermercado te toma mucho más tiempo del que debería. Cuando finalmente llegas, el súper está atascado, porque, por supuesto, es la misma hora a la cual otras personas con trabajos retadores y demandantes como el tuyo tratan de hacer esas compras de última hora. La tienda tiene esa iluminación asquerosa y en las bocinas se escucha una música diseñada para acabar con tu alma y este es el ÚLTIMO lugar en el mundo en el que te gustaría estar, pero tienes que trasladarte por los confusos pasillos de este enorme lugar para encontrar las cosas que quieres y tienes que maniobrar sacándole la vuelta a todas las demás personas apuradas, cansadas y confundidas con tu carrito con la rueda delantera descompuesta que tiende a virar a la izquierda. Y esperar a que la confundida señora se decida si quiere 350 o 400 o mejor 350 gramos del jamón de pierna que está en oferta… o mejor del San Rafael. Cada situación aparentemente sacada de tus peores pesadillas. Hasta que por fin conseguiste todo lo que querías, pero ahora al llegar a pagar te das cuenta de que, aun y cuando es la hora pico, solo la mitad de las cajas están abiertas. Entonces todas las filas están increíblemente largas, lo cual es estúpido y encabronante y te mueves a la fila exprés pero los idiotas de enfrente no traen menos de 15 artículos y se están tardando demasiado porque la caja no está programada para eso y tienen que hacerle dos notas y no entienden por qué a pesar de que arriba de sus cabezotas huecas esta el letrerototote que dice FILA EXPRES: 15 ARTICULOS O MENOS. Pero no es como que puedes desquitar tu frustración y desesperación con la pobre cajera apurada, que está haciendo lo mejor que puede en un trabajo cuyo tedio rutinario y falta de significado sobrepasa lo imaginable.
Por fin llegas hasta adelante en la fila y pagas tu comida y te dicen que “Tengas un buen día” en la voz más monótona, gris y aburrida del mundo. Entonces tomas tus bolsas de plástico que están al borde de romperse, en ese carrito con la rueda que vira desesperantemente a la izquierda y navegas por el estacionamiento hecho de irritantes piedritas que hacen que tu carrito rebote y que está lleno de los carritos de todas las demás personas inconscientes, incultas y mal educadas que no se toman la molestia de regresar el chingado carrito a su lugar para entonces comenzar tu camino de regreso a tu casa a través de ese lento y pesado tránsito de hora pico lleno de camionetas SUV en el cual todos están apurados, se meten en donde pueden y van tocando el claxon en cada oportunidad.
Y esa se va convirtiendo en tu rutina, día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año.
Y además de esa vas acumulando muchas otras rutinas pesadas, aburridas, desesperantes, frustrantes y carentes de cualquier sentido aparente.
El punto es que justo en este tipo de mierda banal y frustrante es en donde más entra el trabajo de aprender a pensar. Porque embotellamientos de tránsito y pasillos llenos y filas atascadas me dan tiempo de pensar y si no tomo decisiones conscientes acerca de cómo y en que pensar y a que ponerle atención, voy a estar enojado y miserable cada vez que tenga que ir al súper o que tenga que llevar acabo cualquier otra tarea rutinaria y banal. Porque mi programación automática me lleva a pensar que este tipo de situación se tratan 100% acerca de mí. Acerca de MI hambre y de MI cansancio y de MI fastidio y de MI deseo de simplemente llegar a MI casa y en ese momento parecería que todo el mundo me esta estorbando. ¿Y quiénes rayos son todas estas personas que se atreven a estorbarme? Y mira lo repugnantes que son la mayoría de ellos, mira lo estúpidos y ensimismados y zombis e inhumanos y asquerosos que son. Y mira cómo van como ganado pastando por la vida. Y mira lo desesperante y maleducado que es este cretino gritando en su celular en medio de la fila. Y mira como esto es total, absoluta y personalmente injusto para MI. Y mira como todas estas camionetotas y camiones que van ocupando el mayor espacio en las calles van quemando inconscientemente sus galones y galones de gasolina y contaminando nuestro planeta. Y mira como los que traen los pescaditos de “Jesús” en sus defensas y las calcomanías de “Dios te ama” en sus vidrios son los hijos de puta más irrespetuosos del camino. Y mira como los hijos de nuestros hijos nos van a odiar por estar desperdiciando los recursos del planeta y desmadrando el clima. Y mira lo chiflados, egoístas, ensimismados y vale madristas que somos todos. Y mira como esta “moderna” sociedad consumista es la cúspide de todo lo que está mal con la raza humana. Y mira como hemos desperdiciado la oportunidad que nos han dado la vida y el universo de existir… Y mira… Y mira… Y mira…
Si elijo pensar de esta forma en la tienda o en la calle, está perfecto… muchos de nosotros lo hacemos. Pero pensar así no requiere ningún tipo de esfuerzo. Pensar así lo hago en automático, no tiene por qué ser una elección, así es nuestra programación natural. Esta es la forma natural y automática en la cual experimento las partes de mi vida adulta más aburridas, frustrantes y abultadas cuando opero desde esa creencia inconsciente y automática que me dice que yo soy el centro del universo y que mis sentimientos y emociones inmediatas deberían ser lo que determine las prioridades del mundo.
Pero el detalle es que, por supuesto, hay formas totalmente distintas de pensar y darle significado a todo este tipo de situaciones. En este tránsito, todos estos vehículos detenidos y arrastrándose en mi camino, no es imposible que algunas de estas personas en sus camionetotas y SUVs han estado en algún terrible accidente en el pasado y ahora manejar les parece tan aterrador que su terapeuta casi casi les ordenó comprar un vehículo grande y pesado para que se sientan a salvo manejando. O que el idiota de la Suburban que me acaba de cerrar quizá es un padre que lleva a su hijo enfermo al hospital y tiene una prisa y urgencia mucho más real y legítima que la mía… de hecho soy YO quien está en SU camino.
O puedo forzarme  a mí mismo a considerar la posibilidad probable de que todas las personas que están en el supermercado conmigo están igual de aburridas y frustradas que yo y que algunas de estas personas seguramente tienen vidas más difíciles y tediosas que la mía.
Insisto, por favor no vayas a pensar que te estoy tratando de dar consejos morales, que te estoy tratando de decir como deberías de pensar o que ‘deberías’ de pensar de esta forma en particular o que alguien podría esperar que lo hicieras de forma automática. Yo no tengo acceso a la verdad y además pensar así es difícil. Es MUY difícil. Toma decisión, determinación y esfuerzo y si eres como yo la mayoría de las veces no lo vas a lograr o de plano no vas a querer.
Pero en la mayoría de los días, si estas lo suficientemente consciente como para darte la oportunidad de elegir, puedes elegir ver de forma diferente a esta señora gorda, con pestañas postizas y plastas de maquillaje en la cara que le acaba de gritar a su hijo en la fila del cajero del súper. Quizá no es normalmente así. Quizá lleva tres noches seguidas sin dormir porque se la pasa en vigilia sosteniéndole la mano a su esposo que está muriendo de cáncer en los huesos. O quizá esta misma señora es la empleada que gana una baba en la oficina de tramites de gobierno que justo ayer le ayudó a tu pareja a resolver ese tedioso, horrible y desesperante problema haciendo un pequeño acto de bondad burocrática (si es que existe dicha cosa). Por supuesto que nada de esto es probable… pero tampoco es imposible. Solo depende de lo que elijas considerar. Si estas automáticamente seguro de que conoces la verdad de las cosas y si estas operando desde tu programación de fábrica simplemente teniendo razón con que tú tienes la verdad, entonces no te será posible considerar las versiones que no te resultan desesperantes y miserables. Pero si aprendes a pensar, a poner atención, a estar consciente del ‘agua’, entonces estará en tu poder experimentar una situación de infierno consumista tumultuoso y lento como algo no solo lleno de significado, si no sagrado, encendido con el mismo fuego y la misma fuerza que creó las estrellas, como algo cargado de amor, hermandad y esa unidad mística que tiene el “todo”. (Y todos cantemos kumbaya alrededor de la fogata.)
Y por supuesto que todo este rollo místico no es “verdad”. Lo único que es “Verdad” con V mayúscula es que TÚ serás la única persona que elija como ver las cosas.
Esta es la única y verdadera libertad que solo experimenta aquel que verdaderamente ha aprendido a pensar. Esta libertad es la capacidad de elegir conscientemente a que darle significado y a que no. Tú eliges a que cosas adorar.
Porque he aquí otra cosa que esta rara pero es Verdad: no existe el ateísmo real.
No existe eso de ‘no adorar’. Y por supuesto que existen quienes eligen adorar a algo espiritual y místico, sea lo que sea, Jesús, Dios, Yahvé, Alá, Buda o a los cuatro acuerdos o cualquier otro conjunto de principios éticos o morales inquebrantables. Y esta perfecto. Pero la mayoría acabamos adorando a otras cosas que acabaran por comernos vivos. Porque si acabas adorando cosas que solo se pueden tener, si a eso es a lo que le otorgas el significado de la vida, entonces siempre estarás vacío y nunca tendrás suficiente. Adora a tu cuerpo y a tu belleza y a la atracción sexual que generas en los demás y siempre te sentirás horrible. Y cuando el tiempo y la edad comiencen a mostrarse, morirás un  millón de muertes antes de que te velen. Adora el poder y acabaras sintiéndote débil y cobarde y necesitarás cada vez más y más poder sobre los demás para poder disfrazar tu miedo. Adora tu intelecto, el ser visto como inteligente y te acabaras sintiendo estúpido e ignorante, un completo fraude, siempre a punto de ser descubierto. En cierto nivel todo esto ya lo sabes. Te lo han repetido y lo has escuchado miles de veces. Ya ha sido codificado en forma de mitos, proverbios, clichés, leyendas, parábolas; es la carnita y el hueso debajo de cada gran historia o cuento. La lección que el héroe de la leyenda aprende al final. El punto no es exponer estas formas de adoración como malas o como pecado o como hechas por el demonio. El punto es que todas estas formas de adoración basadas en el tener son automáticas e inconscientes. Son programaciones de fábrica. Son el tipo de adoración que vas adquiriendo gradual y automáticamente día tras día, haciéndote cada vez más selectivo a la hora de elegir que ver y a que le das valor sin detenerte nunca a ver qué es lo que estás haciendo.
El pedo es que el “mundo real” no te va a desalentar de que operes en automático con todas tus programaciones de fábrica. Porque ese “mundo real” de dinero y poder y sexo que hemos creado sigue felizmente adelante alimentado por el miedo y la frustración y la adoración de “mi mismo”. Nuestra cultura actual ha sabido encausar y utilizar estas fuerzas en maneras que han resultado en el acumulamiento de riquezas y comodidad y ‘libertad’ personal. Esa falsa libertad que nos hace amos de nuestro reino tamaño cráneo, solos en el centro de toda la creación. Pero por supuesto que este tipo de libertad es la más añorada por nosotros porque nos la alimentan con cada cuerpo perfecto que desfila por la pasarela del desfile anual de Victoria’s Secret usando un push up bra que puedes pedir para ti o para tu esposa por catálogo desde la comodidad de tu hogar y nos la venden en cada versión nueva del iPhone o del Galaxy cada vez más grandes, rápidos, nítidos y ligeros y la podemos adquirir por unos cuantos cientos de miles de pesos y 5 años de desvelos, trabajos en equipo y estrés en alguna prestigiosa universidad ranqueda a nivel internacional.
Pero por supuesto existen muchos diferentes tipos de libertades. Pero aquella libertad que tiene más valor no es el tipo de libertad acerca de la cual se habla mucho ni vas a ver que alguien compre esos valiosos minutos para anunciarla en tamaño gigante durante los 35 minutos de anuncios en el cine antes de que comience tu película, ni es el tipo de libertad con la cual se preocupa el mundo real el cual está demasiado interesado en desear y obtener y desear y obtener.
El tipo de libertad más valiosa conlleva atención y consciencia y disciplina y compromiso y responsabilidad y el deseo genuino de realmente interesarte por otro ser humano y de elegir sacrificarte por ellos de formas pequeñas cada día, esas formas que tienden a pasar desapercibidas porque no son sexys.
Ahí está la libertad verdadera. Eso significa saber pensar. La alternativa es la inconsciencia, la programación de fábrica, esa carrera de ratas, ese sentimiento arrollador y constante de haber tenido y haber perdido algo infinito. Insisto lo malo de la segunda no es que sea mala. Si no que no es libre.
Sé que esto quizá no te parezca lindo o divertido o digerible o alentador o inspirador. Pero hasta donde lo puedo ver es la Verdad con V mayúscula despojada de muchos adornos retóricos. Y por supuesto, tú eres libre de pensar y analizarlo de la manera que tú quieras. Pero por favor no creas que es un sermón dominguero para decirte lo mal que estas. Nada de esto se trata de religión o de moral o de dogma o de preguntas rimbombantes acerca del sentido de la vida o de la vida después de la muerte.
La Verdad con V mayúscula se trata de la vida ANTES de la muerte.
Se trata del verdadero valor de la verdadera libertad. Y esta libertad no la vas a experimentar a través de la adquisición de conocimiento. No tiene nada que ver con libros o seminarios o escritos o discursos. Esta libertad tiene que ver con simple consciencia. Consciencia acerca de aquello que es tan real y esencial, aquello que esta tan escondido a simple vista a pesar de que nos rodea todo el tiempo, que para verlo tendríamos que recordarnos a nosotros mismos todo el tiempo:
“Esto es agua”
“Esto es agua”
“Esto es agua”

Es inimaginablemente difícil hacer esto. Mantenerte alerta, vivo y consciente en el día a día del mundo de hoy. Y eso significa que tenemos la oportunidad de pensar en otro cliché: nunca paras de aprender. Porque aprender a pensar no es algo que adquieres y listo. Aprender a pensar es algo que te lleva, literalmente toda la vida… pero, si lo eliges, podrías comenzar a hacerlo ya.

No hay comentarios:

Publicar un comentario