El escritor David Foster Wallace dio un discurso en la
universidad de Kenyon dirigido a la generación de graduados de la carrera de
Liberal Arts (Humanidades) en el 2005. El video de ese extraordinario discurso
se hizo viral y ha sido reescrito, adaptado, editado y adecuado cientos de
veces.
He aquí mi versión de lo que dijo Foster Wallace ese día.
No es una idea original mía y no pretendo exponerlo como tal, pero de alguna u
otra manera al traducirlo me tomé la libertad de plasmarlo “con mis palabras”
(espero que a David, QEPD, no le moleste demasiado). Le quité por aquí, le agregué
por allá para darle un sentido un poco diferente, un tanto más personal, pero
manteniendo el espíritu original de las palabras del autor.
Disfrútalo.
Jorge Osuna
ESTO ES AGUA
Hay dos peces jóvenes nadando y se topan con un pez bastante
mayor nadando en dirección contraria, los saluda diciendo, “Buen día chavos. ¿Qué
tal está el agua?” Los dos peces siguen nadando por un momento y eventualmente
uno mira al otro y le pregunta, “¿Qué diablos significa ‘agua’?”
Si esperas que a continuación me presente como el pez
mayor y que llene estas líneas con sabiduría definiendo exactamente lo que
significa el agua, lamento decepcionarte. No soy el pez viejo y sabio. Y en
realidad ya sabes lo que es el agua aunque pretendas tercamente lo contrario,
no necesitas que nadie te lo diga. El punto de la historia de los peces es
simplemente hacer conciencia de cómo las realidades más obvias e importantes (el
agua) son constantemente las más difíciles de ver, entender y acerca de las
cuales hablar. Expuesto como un enunciado en nuestro idioma, por supuesto, esto
solo es una plataforma trillada y banal, una idea acerca de la cual ya se ha
escrito y se ha hablado muchísimo. Pero es un hecho que en el día a día de la
existencia del adulto promedio, estas “plataformas trilladas y banales”, estas
frasecitas sin aparente sentido alguno, pueden tener consecuencias de vida o
muerte, o por lo menos eso es lo que pretendo sugerir. ¿Suena fatalista? Quizá.
Pero toma en cuenta que no todo lo que está despierto está vivo… Exacto… aún más
fatalista.
Pero no te preocupes, hoy en día existen infinidad de
cursos, escritos, pláticas, libros, talleres, seminarios etc. enfocados en
ayudarte a mejorar tu calidad de vida. Diseñados para que dejes de sobrevivir
tu vida y la comiences a vivir. Que le dan sentido a estas frasecitas trilladas
y las convierten en poderosas lecciones para apoyarte a que consigas las cosas
que hasta el día de hoy se han mantenido frustrantemente fuera de tu alcance.
En mi experiencia, los mejores son aquellos que te apoyan a aprender como
pensar. Y de esto se tratan estas líneas. Acerca de esa idea de ‘aprender a
pensar’. Esto automáticamente se convierte en un golpe en tu ego, ¿no? Estarás
pensando: “¿Cómo me van a enseñar a MI a pensar? ¡Yo ya sé cómo!” Y como
principal evidencia de que sabes pensar podrías presentar el hecho de que estás
leyendo esto… ¡si no supieras como pensar sería imposible que leyeras esto! Y
entonces te puedes sentir insultado con el hecho de que alguien o algo pretenda
enseñarte a “pensar”. Pero cuando hablo de “enseñar a pensar” realmente no
estoy hablando de la “capacidad” de pensar si no de la elección que todos,
aparentemente, tenemos de elegir en QUE pensar. Eso resulta un poquitín más
complicado, pero es lo que nos separa a los humanos de nuestros hermanos
primates y considero que es algo a lo cual vale la pena dedicarle unos minutos,
por lo menos para poder estar seguro de que soy humano y no simio. Si, aun así,
esa total libertad de elegir en que pensar te parece demasiado obvia como para ‘desperdiciar’
unos momentos al seguir leyendo esto, entonces te pido que pienses otra vez en
esos peces jóvenes… que pienses en lo que es el agua para ti y que suspendas
por un momento tu escepticismo acerca del valor de pensar en aquello que parecería
totalmente obvio.
Todas las reglas de la enseñanza demandan la utilización
de anécdotas, parábolas, ejemplos y cuentos para el fácil entendimiento de lo
que se pretende transmitir. Así que con el afán de apegarnos a dichas reglas y
estatutos, he aquí otra divertida y pequeña historia didáctica:
Hay dos tipos sentados juntos en un bar en lo más remoto
de Alaska. Uno de ellos es creyente, el otro es ateo. Están discutiendo acerca
de (¿qué más?) la existencia de Dios con esa intensidad especial que solo viene
después de como la 4ta o 5ta cerveza. El ateo dice: “Mira, no es que tenga
razones especificas por las cuales no creer en Dios. De hecho ya he
experimentado todo esto de la oración a Dios y todo este rollo. Justo el mes
pasado me perdí caminando en medio de la nada durante una terrible tormenta,
estaba sin rumbo y no podía ver nada por la nieve que caía y estaba a unos 20
bajo cero… y entonces lo intente… me arrodille en la nieve y grite, ‘Dios, si
es que hay un Dios, estoy perdido en medio de esta tormenta y seguro moriré si
no me ayudas.’” Y justo ahí el creyente con una cara de confusión le dice al
ateo, “Pues ahí lo tienes, seguro debes creer ahora, después de todo aquí
estas, vivo.” El ateo suspira algo irritado, “No amigo, lo que pasó fue que un
par de esquimales por casualidad iban por ahí y me llevaron a un lugar seguro…
eso es todo.”
Es fácil (especialmente si ya has sido expuesto a algo
como la ontología del lenguaje o cualquier otra forma de pensamiento abierto,
consciente o liberal) analizar esto y pensar que la misma experiencia puede
significar dos cosas totalmente opuestas para dos personas dadas las
diferencias en creencias y en la forma en la cual esas personas le dan
significado a sus experiencias. Pensar que tiene que ver con el particular
“observador” que está siendo cada uno en ese momento. Si eres como yo, aprecias
la tolerancia, la aceptación y la diversidad de creencias, en ningún momento,
si eres como yo, te atreverías a decir que una u otra de las interpretaciones
es “verdadera” o “falsa” o “buena” o “mala”. Y eso está perfecto. Hoy vivimos
en un mundo cada vez más diverso y, especialmente las nuevas generaciones,
tendemos a aceptar y tolerar con mayor facilidad dicha diversidad. Pero rara
vez tendemos a cuestionarnos de donde viene esta diversidad en creencias y
formas de pensar. Y cuando digo “de donde viene” me refiero a de que parte de adentro
de estas dos personas viene la forma en la cual piensan, las cosas en las que
creen y el significado que le dan a sus experiencias. No nos lo preguntamos
porque tendemos a creer que ya tenemos la respuesta y, nuevamente, parece algo
obvio (como el agua). Actuamos como si las orientaciones más básicas de un ser
humano hacia el mundo, el significado que le da a sus experiencias, son cosas
que vienen con su particular “modelo”. Como si fuera su altura, color de ojos o
talla de zapato. O pensamos que lo absorbemos de forma automática de nuestra
cultura, como un lenguaje por ejemplo. Como si la construcción del significado
particular que le damos a nuestras experiencias y las creencias que nacen a
partir de esas experiencias fuera en absoluto automático y nunca una cuestión
de elección personal e intencional. Esta es otra de las “verdades” con las
cuales vivimos. Y así tenemos explicaciones “verdaderas”, muchas de ellas
tranquilizantes, para entender porque las personas de nuestro alrededor son
como son y actúan como actúan. Y vamos por la vida explicando todo: “Por
supuesto que no ha avanzado en su vida, es un huevon.” “Claro que le puso el
cuerno, él siempre ha sido infiel.” “Me queda claro porque el ateo pensó eso…
es ateo.” Pero además, está el ‘pequeño’ tema de la arrogancia. Porque no solo
tenemos respuestas para explicar cómo son o porque creen lo que creen los
demás, tenemos explicaciones para nosotros mismos. Y de esa manera justificamos
nuestros más terribles y vergonzosos fracasos de la misma forma arrogante y
mamona con la cual justificamos nuestros más halagadores éxitos: con una
irresponsabilidad desenfrenada. Así estamos SEGUROS de saber y entender porque
nos pasa lo que nos pasa, porque hacemos lo que hacemos y porque tenemos lo que
tenemos. Creemos entender exactamente lo que es al agua sin siquiera haberle
dedicado un minuto a reflexionar acerca de lo que realmente es esto que nos
rodea y parece ser evidente. De esa forma, no somos muy distintos al ateo,
quien esta TAN seguro al descartar la posibilidad de que los esquimales
aparecieron de alguna u otra manera gracias a su oración a Dios que no hay
espacio para ninguna otra creencia. Claro, existen muchas personas religiosas
igual o más arrogantes. Igual de seguros de que SUS interpretaciones de las
cosas son las ‘correctas’. Y este segundo grupo incluso podría aparecer más
repugnante que el primero, por lo menos para algunos de nosotros. Pero el
‘dogmatismo religioso’ y la arrogancia irresponsable y desenfrenada presentan
el mismo problema que el ateo de la historia: una certeza ciega, una mente cerrada
que lleva a un encarcelamiento tan total que el prisionero ni siquiera se da
cuenta que está encerrado.
El punto aquí es poder definir lo que realmente significa
“aprender a pensar”. Y es sencillo: aprender a pensar significa ser un poco
menos arrogante. Significa tener por lo menos un poco de conciencia crítica
acerca de mí mismo y de mis certezas. Significa estar un poquito más abierto a
dejar de tener la razón con lo que doy por sentado. Porque, resulta, que un
grandísimo porcentaje de aquellas cosas que considero certezas totales y
absolutas, en realidad son total y absolutamente erróneas e ilusas. Y el
problema es que si no le dedicas un tiempo a pensar en esta “agua” tarde o
temprano te acabas dando cuenta lo iluso y equivocado que estabas siendo… y
cuando esto ocurre más tarde que temprano, en ocasiones acaba siendo DEMASIADO
tarde.
Aquí te va un ejemplo de unas de las cosas acerca de las
cuales me siento absolutamente seguro, algo que percibo como una certeza total
y absoluta y que me he dado cuenta lo equivocado e iluso que es: todo en mi
experiencia inmediata parecería soportar mi creencia de que YO soy el centro
del universo; la persona más real, mas lucida e importante sobre la faz de la
tierra. Piensa eso nuevamente y detente un segundo a hacerlo. Va de nuevo: todo
lo que yo experimento soporta mi creencia de que YO SOY el centro del universo.
Raramente pensamos en este tipo de pensamiento natural y básico en el cual solo
yo importo porque es demasiado inaceptable socialmente. Pero es así para todos
nosotros. Está en nuestra programación de fábrica, así ‘venimos’ desde que nacemos.
Es un mecanismo de la naturaleza humana que nos ayuda a sobrevivir y que ha
permitido que trascendamos. Muchas veces simplemente le llamamos ego, pero en
realidad pensar así esta inamoviblemente anclado a las partes más profundas de
nuestra personalidad. ¿Qué loco no? En nuestro instinto más intrínseco se
encuentra la capacidad de ser absoluta y totalmente egoístas y ensimismados. Piénsalo:
no existe ninguna experiencia en tu vida en cual no hayas sido el centro
absoluto. Experimentas el mundo que está enfrente de TI o detrás de TI, o a la
izquierda o a la derecha de TI, en TU televisión en TU monitor, a través de TU
celular, visto con TUS ojos, escuchado con TUS oídos. Para conocer los
pensamientos o los sentimientos de otras personas te los tendrían que comunicar
de alguna forma… pero los tuyos son TAN inmediatos, TAN urgentes y TAN reales.
No te preocupes, este no es el momento en el cual esto se
convierte en una especie de discurso moral acerca de la compasión o alguna otra
directriz o cualquier otra virtud o valor. Esto no es cuestión de virtud. Esto
es acerca de elegir trabajar en encontrar la manera de alterar o liberarme de
la programación natural que me lleva a ser profunda y literalmente centrado en
“mí mismo” y de ver todo e interpretarlo a través del filtro de “mi mismo”. De
hecho esto es solo un ejemplo de esta ‘agua’ que nos rodea. Porque estamos
literalmente sumergidos en certezas y verdades tan ridículas como esta pero que
para nosotros, al no dedicarle un poco de nuestro pensamiento consciente, pasan
totalmente desapercibidas y sin embargo, por más que no las veamos, dictan nuestras
posibilidades.
Una pregunta importante (y quizá hasta obvia dado que
esto está por escrito) ahora sería: ¿cuánto de este trabajo de “aprender a
pensar” y de cambiar nuestra “programación de fábrica” se puede alcanzar de
forma intelectual o a través de la adquisición de conocimiento? Esta pregunta
es algo engañosa. Lo más peligroso de la adquisición de información y
conocimiento (y sobre todo en mi caso) es que tiendo a sobre-intelectualizar
cosas, a perderme en el argumento abstracto de mi cabeza, en lugar de ponerle
atención a lo que está sucediendo justo en frente de mí, de ponerle atención a
lo que está sucediendo dentro de mí. Así que, ¿cuánto de esto ocurre en mi
“mente”? Pues en verdad todo. Pero al mismo tiempo no es algo sobre lo cual
pudiera solo trabajar de forma intelectual a través de la lectura o de clases o
seminarios de tipo tradicional. Esto es algo que solamente puedo aprender a
través de la vivencia constante y disciplinada.
Pero, ¿porque digo que en realidad todo esto ocurre en tu
mente? Pues obsérvate. Estoy seguro que muchos de ustedes saben lo difícil que
es mantenerte alerta y atento en vez de hipnotizarte por el monologo constante
de tu cabeza (de hecho, te pudiera estar sucediendo en este momento). Ahora voy
entendiendo que todo este rollo de ‘aprender a pensar’ conlleva algo mucho más
profundo y serio; aprender a pensar realmente significa ejercitar algo de
control sobre cómo y en que pienso. Significa estar lo suficientemente
consciente como para elegir a que ponerle atención y a como darle significado a
mis experiencias. Porque si no desarrollas y ejerces esta capacidad de elección
en tu vida adulta la vas a pasar bastante mal. Todo esto ocurre EN la mente,
pero no es exclusivo DE la mente. Piensa en el viejo cliché: ‘la mente es un
excelente sirviente, pero un terrible amo.’ Como muchos otros clichés este
también parecería aburrido y como muchos otros que has visto cien mil veces en
cientos de posts en el Facebook. Pero en realidad, si lo analizas un poco
expresa una enorme y terrible realidad. No es para nada accidental que la
mayoría de los suicidios con armas de fuego son llevados a cabo con un tiro a
la cabeza. Le disparan a ese ‘terrible amo’. Terminan con la existencia del
maestro que ha dictado lo que es posible para ellos, acaban con el dueño y
director de la prisión en la cual han vivido toda su vida. En verdad la mayoría
de los suicidios están muertos mucho antes de jalar el gatillo. Su mente, su
ego, su terrible costumbre de navegar por su existencia flotando, tan solo
sobreviviendo, los ha condenado a haber dejado de vivir durante mucho tiempo.
Así que este aprendizaje no va a ocurrir solo porque
leíste esto. Conlleva muchísimo trabajo y entrenamiento. Pero, como siempre el
primer y más importante paso es tomar consciencia, en este caso tomar
consciencia del ‘agua’.
Y, entonces, de esto se trata. Sin rollos y pedos de más.
Se trata de encontrar la manera de evitar navegar por esa vida prospera,
respetable y cómoda muerto e inconsciente, un esclavo de tu mente y de tu
programación de fábrica que te lleva a estar única e imperialmente solitario en
tu día a día, un sobreviviente más en un mundo frio y sin color. Puede sonar
exagerado o demasiado abstracto e idealista, puede sonar a rollo filosófico
inútil. Así que vamos aterrizándolo. Vamos poniéndole nombre y apellido para
que sepas exactamente de qué estoy hablando:
Has consciente lo que verdaderamente es tu ‘día a día’.
Hay una gran parte de ese ‘día a día’ que nadie nunca menciona. Esa parte tiene
que ver con el aburrimiento y la llana frustración de la rutina.
Para aterrizarlo más, vamos agarrando un ejemplo.
Imaginemos que es un día cualquiera, un día promedio. Te levantas en la mañana,
vas a tu retador y demandante trabajo, trabajas entre ocho y diez horas, al
final del día estás cansado y algo estresado y lo único que quieres hacer es
regresar a tu casa, cenar algo rico y quizá relajarte por un par de horas
viendo tu serie favorita acurrucado con tu pareja y después acostarte a dormir
porque por supuesto que al día siguiente te tienes que levantar a volverlo
hacer todo otra vez… Pero en eso recuerdas que no hay comida en tu casa. No has
tenido tiempo de ir al súper esta semana por tu trabajo retador y demandante
así que ahora después del trabajo tienes que subirte a tu carro y manejar al
supermercado. Es la hora pico y por supuesto que el transito está fatal.
Entonces llegar al supermercado te toma mucho más tiempo del que debería.
Cuando finalmente llegas, el súper está atascado, porque, por supuesto, es la
misma hora a la cual otras personas con trabajos retadores y demandantes como
el tuyo tratan de hacer esas compras de última hora. La tienda tiene esa
iluminación asquerosa y en las bocinas se escucha una música diseñada para
acabar con tu alma y este es el ÚLTIMO lugar en el mundo en el que te gustaría
estar, pero tienes que trasladarte por los confusos pasillos de este enorme
lugar para encontrar las cosas que quieres y tienes que maniobrar sacándole la
vuelta a todas las demás personas apuradas, cansadas y confundidas con tu
carrito con la rueda delantera descompuesta que tiende a virar a la izquierda.
Y esperar a que la confundida señora se decida si quiere 350 o 400 o mejor 350
gramos del jamón de pierna que está en oferta… o mejor del San Rafael. Cada
situación aparentemente sacada de tus peores pesadillas. Hasta que por fin conseguiste
todo lo que querías, pero ahora al llegar a pagar te das cuenta de que, aun y
cuando es la hora pico, solo la mitad de las cajas están abiertas. Entonces
todas las filas están increíblemente largas, lo cual es estúpido y encabronante
y te mueves a la fila exprés pero los idiotas de enfrente no traen menos de 15
artículos y se están tardando demasiado porque la caja no está programada para
eso y tienen que hacerle dos notas y no entienden por qué a pesar de que arriba
de sus cabezotas huecas esta el letrerototote que dice FILA EXPRES: 15
ARTICULOS O MENOS. Pero no es como que puedes desquitar tu frustración y
desesperación con la pobre cajera apurada, que está haciendo lo mejor que puede
en un trabajo cuyo tedio rutinario y falta de significado sobrepasa lo
imaginable.
Por fin llegas hasta adelante en la fila y pagas tu
comida y te dicen que “Tengas un buen día” en la voz más monótona, gris y
aburrida del mundo. Entonces tomas tus bolsas de plástico que están al borde de
romperse, en ese carrito con la rueda que vira desesperantemente a la izquierda
y navegas por el estacionamiento hecho de irritantes piedritas que hacen que tu
carrito rebote y que está lleno de los carritos de todas las demás personas
inconscientes, incultas y mal educadas que no se toman la molestia de regresar
el chingado carrito a su lugar para entonces comenzar tu camino de regreso a tu
casa a través de ese lento y pesado tránsito de hora pico lleno de camionetas
SUV en el cual todos están apurados, se meten en donde pueden y van tocando el
claxon en cada oportunidad.
Y esa se va convirtiendo en tu rutina, día tras día,
semana tras semana, mes tras mes, año tras año.
Y además de esa vas acumulando muchas otras rutinas
pesadas, aburridas, desesperantes, frustrantes y carentes de cualquier sentido
aparente.
El punto es que justo en este tipo de mierda banal y
frustrante es en donde más entra el trabajo de aprender a pensar. Porque
embotellamientos de tránsito y pasillos llenos y filas atascadas me dan tiempo
de pensar y si no tomo decisiones conscientes acerca de cómo y en que pensar y
a que ponerle atención, voy a estar enojado y miserable cada vez que tenga que
ir al súper o que tenga que llevar acabo cualquier otra tarea rutinaria y banal.
Porque mi programación automática me lleva a pensar que este tipo de situación
se tratan 100% acerca de mí. Acerca de MI hambre y de MI cansancio y de MI
fastidio y de MI deseo de simplemente llegar a MI casa y en ese momento
parecería que todo el mundo me esta estorbando. ¿Y quiénes rayos son todas
estas personas que se atreven a estorbarme? Y mira lo repugnantes que son la
mayoría de ellos, mira lo estúpidos y ensimismados y zombis e inhumanos y asquerosos
que son. Y mira cómo van como ganado pastando por la vida. Y mira lo
desesperante y maleducado que es este cretino gritando en su celular en medio
de la fila. Y mira como esto es total, absoluta y personalmente injusto para
MI. Y mira como todas estas camionetotas y camiones que van ocupando el mayor
espacio en las calles van quemando inconscientemente sus galones y galones de
gasolina y contaminando nuestro planeta. Y mira como los que traen los
pescaditos de “Jesús” en sus defensas y las calcomanías de “Dios te ama” en sus
vidrios son los hijos de puta más irrespetuosos del camino. Y mira como los
hijos de nuestros hijos nos van a odiar por estar desperdiciando los recursos
del planeta y desmadrando el clima. Y mira lo chiflados, egoístas, ensimismados
y vale madristas que somos todos. Y mira como esta “moderna” sociedad
consumista es la cúspide de todo lo que está mal con la raza humana. Y mira
como hemos desperdiciado la oportunidad que nos han dado la vida y el universo
de existir… Y mira… Y mira… Y mira…
Si elijo pensar de esta forma en la tienda o en la calle,
está perfecto… muchos de nosotros lo hacemos. Pero pensar así no requiere
ningún tipo de esfuerzo. Pensar así lo hago en automático, no tiene por qué ser
una elección, así es nuestra programación natural. Esta es la forma natural y
automática en la cual experimento las partes de mi vida adulta más aburridas,
frustrantes y abultadas cuando opero desde esa creencia inconsciente y
automática que me dice que yo soy el centro del universo y que mis sentimientos
y emociones inmediatas deberían ser lo que determine las prioridades del mundo.
Pero el detalle es que, por supuesto, hay formas
totalmente distintas de pensar y darle significado a todo este tipo de
situaciones. En este tránsito, todos estos vehículos detenidos y arrastrándose
en mi camino, no es imposible que algunas de estas personas en sus camionetotas
y SUVs han estado en algún terrible accidente en el pasado y ahora manejar les
parece tan aterrador que su terapeuta casi casi les ordenó comprar un vehículo
grande y pesado para que se sientan a salvo manejando. O que el idiota de la
Suburban que me acaba de cerrar quizá es un padre que lleva a su hijo enfermo
al hospital y tiene una prisa y urgencia mucho más real y legítima que la mía…
de hecho soy YO quien está en SU camino.
O puedo forzarme a
mí mismo a considerar la posibilidad probable de que todas las personas que
están en el supermercado conmigo están igual de aburridas y frustradas que yo y
que algunas de estas personas seguramente tienen vidas más difíciles y tediosas
que la mía.
Insisto, por favor no vayas a pensar que te estoy
tratando de dar consejos morales, que te estoy tratando de decir como deberías
de pensar o que ‘deberías’ de pensar de esta forma en particular o que alguien
podría esperar que lo hicieras de forma automática. Yo no tengo acceso a la
verdad y además pensar así es difícil. Es MUY difícil. Toma decisión,
determinación y esfuerzo y si eres como yo la mayoría de las veces no lo vas a
lograr o de plano no vas a querer.
Pero en la mayoría de los días, si estas lo
suficientemente consciente como para darte la oportunidad de elegir, puedes
elegir ver de forma diferente a esta señora gorda, con pestañas postizas y
plastas de maquillaje en la cara que le acaba de gritar a su hijo en la fila
del cajero del súper. Quizá no es normalmente así. Quizá lleva tres noches
seguidas sin dormir porque se la pasa en vigilia sosteniéndole la mano a su
esposo que está muriendo de cáncer en los huesos. O quizá esta misma señora es
la empleada que gana una baba en la oficina de tramites de gobierno que justo
ayer le ayudó a tu pareja a resolver ese tedioso, horrible y desesperante
problema haciendo un pequeño acto de bondad burocrática (si es que existe dicha
cosa). Por supuesto que nada de esto es probable… pero tampoco es imposible.
Solo depende de lo que elijas considerar. Si estas automáticamente seguro de
que conoces la verdad de las cosas y si estas operando desde tu programación de
fábrica simplemente teniendo razón con que tú tienes la verdad, entonces no te
será posible considerar las versiones que no te resultan desesperantes y
miserables. Pero si aprendes a pensar, a poner atención, a estar consciente del
‘agua’, entonces estará en tu poder experimentar una situación de infierno
consumista tumultuoso y lento como algo no solo lleno de significado, si no
sagrado, encendido con el mismo fuego y la misma fuerza que creó las estrellas,
como algo cargado de amor, hermandad y esa unidad mística que tiene el “todo”. (Y
todos cantemos kumbaya alrededor de la fogata.)
Y por supuesto que todo este rollo místico no es
“verdad”. Lo único que es “Verdad” con V mayúscula es que TÚ serás la única
persona que elija como ver las cosas.
Esta es la única y verdadera libertad que solo
experimenta aquel que verdaderamente ha aprendido a pensar. Esta libertad es la
capacidad de elegir conscientemente a que darle significado y a que no. Tú
eliges a que cosas adorar.
Porque he aquí otra cosa que esta rara pero es Verdad: no
existe el ateísmo real.
No existe eso de ‘no adorar’. Y por supuesto que existen
quienes eligen adorar a algo espiritual y místico, sea lo que sea, Jesús, Dios,
Yahvé, Alá, Buda o a los cuatro acuerdos o cualquier otro conjunto de
principios éticos o morales inquebrantables. Y esta perfecto. Pero la mayoría
acabamos adorando a otras cosas que acabaran por comernos vivos. Porque si
acabas adorando cosas que solo se pueden tener, si a eso es a lo que le otorgas
el significado de la vida, entonces siempre estarás vacío y nunca tendrás
suficiente. Adora a tu cuerpo y a tu belleza y a la atracción sexual que
generas en los demás y siempre te sentirás horrible. Y cuando el tiempo y la
edad comiencen a mostrarse, morirás un
millón de muertes antes de que te velen. Adora el poder y acabaras
sintiéndote débil y cobarde y necesitarás cada vez más y más poder sobre los
demás para poder disfrazar tu miedo. Adora tu intelecto, el ser visto como
inteligente y te acabaras sintiendo estúpido e ignorante, un completo fraude,
siempre a punto de ser descubierto. En cierto nivel todo esto ya lo sabes. Te
lo han repetido y lo has escuchado miles de veces. Ya ha sido codificado en
forma de mitos, proverbios, clichés, leyendas, parábolas; es la carnita y el
hueso debajo de cada gran historia o cuento. La lección que el héroe de la
leyenda aprende al final. El punto no es exponer estas formas de adoración como
malas o como pecado o como hechas por el demonio. El punto es que todas estas
formas de adoración basadas en el tener son automáticas e inconscientes. Son
programaciones de fábrica. Son el tipo de adoración que vas adquiriendo gradual
y automáticamente día tras día, haciéndote cada vez más selectivo a la hora de
elegir que ver y a que le das valor sin detenerte nunca a ver qué es lo que
estás haciendo.
El pedo es que el “mundo real” no te va a desalentar de
que operes en automático con todas tus programaciones de fábrica. Porque ese
“mundo real” de dinero y poder y sexo que hemos creado sigue felizmente
adelante alimentado por el miedo y la frustración y la adoración de “mi mismo”.
Nuestra cultura actual ha sabido encausar y utilizar estas fuerzas en maneras
que han resultado en el acumulamiento de riquezas y comodidad y ‘libertad’
personal. Esa falsa libertad que nos hace amos de nuestro reino tamaño cráneo,
solos en el centro de toda la creación. Pero por supuesto que este tipo de
libertad es la más añorada por nosotros porque nos la alimentan con cada cuerpo
perfecto que desfila por la pasarela del desfile anual de Victoria’s Secret
usando un push up bra que puedes pedir para ti o para tu esposa por catálogo
desde la comodidad de tu hogar y nos la venden en cada versión nueva del iPhone
o del Galaxy cada vez más grandes, rápidos, nítidos y ligeros y la podemos
adquirir por unos cuantos cientos de miles de pesos y 5 años de desvelos, trabajos
en equipo y estrés en alguna prestigiosa universidad ranqueda a nivel
internacional.
Pero por supuesto existen muchos diferentes tipos de
libertades. Pero aquella libertad que tiene más valor no es el tipo de libertad
acerca de la cual se habla mucho ni vas a ver que alguien compre esos valiosos
minutos para anunciarla en tamaño gigante durante los 35 minutos de anuncios en
el cine antes de que comience tu película, ni es el tipo de libertad con la
cual se preocupa el mundo real el cual está demasiado interesado en desear y
obtener y desear y obtener.
El tipo de libertad más valiosa conlleva atención y
consciencia y disciplina y compromiso y responsabilidad y el deseo genuino de
realmente interesarte por otro ser humano y de elegir sacrificarte por ellos de
formas pequeñas cada día, esas formas que tienden a pasar desapercibidas porque
no son sexys.
Ahí está la libertad verdadera. Eso significa saber
pensar. La alternativa es la inconsciencia, la programación de fábrica, esa
carrera de ratas, ese sentimiento arrollador y constante de haber tenido y
haber perdido algo infinito. Insisto lo malo de la segunda no es que sea mala.
Si no que no es libre.
Sé que esto quizá no te parezca lindo o divertido o
digerible o alentador o inspirador. Pero hasta donde lo puedo ver es la Verdad
con V mayúscula despojada de muchos adornos retóricos. Y por supuesto, tú eres
libre de pensar y analizarlo de la manera que tú quieras. Pero por favor no
creas que es un sermón dominguero para decirte lo mal que estas. Nada de esto
se trata de religión o de moral o de dogma o de preguntas rimbombantes acerca
del sentido de la vida o de la vida después de la muerte.
La Verdad con V mayúscula se trata de la vida ANTES de la
muerte.
Se trata del verdadero valor de la verdadera libertad. Y
esta libertad no la vas a experimentar a través de la adquisición de
conocimiento. No tiene nada que ver con libros o seminarios o escritos o
discursos. Esta libertad tiene que ver con simple consciencia. Consciencia
acerca de aquello que es tan real y esencial, aquello que esta tan escondido a
simple vista a pesar de que nos rodea todo el tiempo, que para verlo tendríamos
que recordarnos a nosotros mismos todo el tiempo:
“Esto es agua”
“Esto es agua”
“Esto es agua”
Es inimaginablemente difícil hacer esto. Mantenerte
alerta, vivo y consciente en el día a día del mundo de hoy. Y eso significa que
tenemos la oportunidad de pensar en otro cliché: nunca paras de aprender.
Porque aprender a pensar no es algo que adquieres y listo. Aprender a pensar es
algo que te lleva, literalmente toda la vida… pero, si lo eliges, podrías
comenzar a hacerlo ya.